martes, 16 de febrero de 2010

INVÍTAME A DAR UN PASEO "YO TE ENTREGO LA MITAD DE MIS HUESOS" *


INVÍTAME A DAR UN PASEO
"YO TE ENTREGO LA MITAD DE MIS HUESOS" *



Manos que galopan sin rumbo
no me aten los ojos ni la voz
apenas soy un pedazo de piel respirando.

Sin querer
caen los huesos de mi voluntad.

No importa que el odio
reme hasta la orilla
de tu pecho
y no te abrace más
ya nunca más con mis alas
porque no tengo alas
ni brazos
ni piernas.
Y el sol de mi boca se apaga.

Sucede que anoche
me atrapó el musgo
de una nueva y frenética ansiedad
más fuerte y honda que la anterior.

Sé que paso mucho tiempo
mirando el horizonte
sin poder tocarlo.

Pero ahora no sé
si los párpados se abrirán
para tragar
todas las montañas
las aguas dulces y saladas
los colores de la tarde
y tu boca
emergiendo de otro mundo.

Ese mundo impregnado de alcohol
en sus orillas
con la humedad que me sigue
sin pausa
lejos del asco
tirado en la basura
de otro lugar.

Siento que pronto voy a escribir
con mis dedos en tu columna
y tus hombros se abrirán
como abanico
al encuentro de mi rostro sudoroso.

No obstante
cientos de veces
he visto en mis viajes
al pasado
esos tallos que asoman tiernos
y embriagados.
Pero en cada invierno
se rompen los pulmones
de los muertos
que se estiran
en bóvedas de cicuta.

Los muertos caminantes y desérticos
bebiéndose todos los cactus
secando las raíces
en una mesa de vasos secos.

Aunque debamos extraviarnos
para siempre
no voy a tranzar
con mi tarjeta de crédito
el resto de las palabras
de aquellos trashumantes
ni dejaré manso el lomo
para que las vacas sagradas
caminen por él.

Sólo miro detrás de la luna
porque ahí te escondes
para mí
después de esa noche
cuando nos suspendimos
del planeta rojo
y nos impregnamos
de tantas luces.

Di la vuelta
para no tropezar
con la fotografía
donde él está de espaldas
dispuesto a hipotecar
la felicidad
porque a fin de cuentas
no sabe parir con sangre.

Siempre lo dijo:
sin que nadie me vea
eyaculo mi vergüenza.

Todo queda atrás
menos tu aliento verde
que está aquí
lamiendo mis heridas.

Luego vuelve a ser
como al principio.

El bosque húmedo
los troncos tirados
en el camino
y nosotros hablando
de ríos subterráneos.

Nos atrapamos
por un largo tiempo.

Nos despojamos
hasta de nuestras sombras
y nos aturdimos
con nuestras íntima plegarias
para luego quedarnos
a formar parte del barro
destilándonos gota a gota
cada uno en furtivos pasos.

A pesar de tantos recorridos
el rumbo se pierde
y nada lo detiene.

En cambio
unos cuántos
porfían por otras cosas
otros nuevos espacios
entre las ruinas.

Si esta vez
me dicen
que ya basta de volar
por otras esferas
dejaré en silencio
todas mis páginas
para viajar a instalarme
en cada oído
susurrándole uno de mis secretos
lo de siempre.

Al final
todos juntos
seremos devorados
por la misma locura.



*Mafud Massis.


LA MANO DE NADIE

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